Brad Edmonds. Aboliendo el estado. Quinta entrega.

Esta quinta entrega de la saga está centrada en la persuasión tendente a reducir el impacto negativo que tienen las ideas antiestatistas en el común de la gente, gracias a siglos de propaganda y lavado de cerebros en iglesias estatales y escuelas públicas.Sirva como pequeño manual de actuación en la vida diaria, plagada de conversaciones con las personas de nuestro entorno y donde la posibilidad de ir mellando, golpe a golpe, la fe en el estado total es infinita y donde cada semilla de duda sembrada en la mente de los serviles es un potencial abolicionista en el futuro.

Sin más:

 

 

 Cómo persuadir a los demás de la necesidad de abolir el Estado

“Todos podemos ayudar mediante la práctica del arte de la persuasión de la gente con la que discrepamos. Por supuesto, cuando nos equivocamos en algo, también necesitamos reconocerlo –esto requiere imparcialidad emocional y habilidad de razonar, y desafortunadamente, depende también del conocimiento y de las habilidades comunicadoras de la otra persona. Pero incluso cuando los hechos y la lógica están de nuestra parte, aún hemos de permanecer alerta. Nunca es sencillo para alguien considerar una opinión opuesta, así que se necesitan gran habilidad para que cuaje en la otra persona. Tal habilidad puede ser convincente, así como lo fueron algunos tipos con mensajes repugnantes –Hitler, Jim Jones y otros son ejemplos de ello.

Tanto los hechos como la razón están de parte de la abolición del Estado, pero los estatalistas están demasiado atados al tópico y creen en demasiadas falacias, como la de que la Guerra Civil fue diferente que la Revolución Americana o que el Estado debería prohibir ciertos tipos de droga. Durante la discusión las palabras inundan la conversación, la gente se emociona y nadie puede llegar a la correcta persuasión.

Las reglas básicas: Utilice siempre la honestidad, la amabilidad, la generosidad e incluso el humor. Estas cosas parecen obvias, pero es fácil errar durante una discusión. Si alguien dice algo absurdo, está creando una oportunidad para que sea amable –“ésa es una opinión compartida por mucha gente” es una buena respuesta- mejor que un igual de amable pero deshonesto “ése es un buen punto”. Si alguien le insulta, una táctica válida que puede calmar las aguas es “Puede que sea o no sea verdad el hecho de que sea un pirado pero al menos no estoy hablando sobre si deberíamos o no bombardear Eslovenia”. Y si usted es más brillante que su oponente, es mejor no hacer esto muy perceptible. Ésta es la parte generosa; centrada en los datos y principios, y le hace a su oponente razonar sobre sus propias conclusiones. Hágale sentir inteligente. La mejor forma de guardar el interés por usted es haciéndose relacionar con un aumento del autoestima de su oponente.

A la gente le encanta hablar sobre si misma, así que háblele a su oponente de él. Cuando después le ofrezca soluciones liberales para temas que le impacten, puede adaptarlas a sus situaciones personales. De esta manera usted ha conseguido que le tenga cariño, le ha hecho pensar que es usted un gran conversador (porque tuvo una oportunidad para hablar sobre él); y le ha dado ideas que le parecen plausibles, llegando de esa manera a su mente.

¿Son estas tácticas taimadas o manipuladoras? Ciertamente lo son, así como otras tantas acciones que realizamos con otras personas durante el día. A veces nos damos cuenta de que lo estamos haciendo, otras no. La verdad es que la honestidad, la bondad, la generosidad y la templaza emocional sean manipuladoras o no, confeccionan el comportamiento moral apropiado en estos casos. Hacer que alguien se sienta mejor mientras le abres la mente a opciones que nunca había considerado, con las que nunca antes se había enfrentado, es algo positivo. La manipulación es algo malo cuando se lleva a cabo como táctica dañina y deshonesta o cuando uno tiene fines que entran en conflicto con el bienestar su oponente.

Es importante que persuada. Cuantas más personas enamoradas del Estado encuentre, mejor estaremos todos si cambian de posición: Así cómo Billy O’Reilly u otros bombarderos felices neocón racionalizan la matanza de niños en Irak o Afganistán; “Los individuos son en última instancia responsables de sus respectivos Estados.”

Nadie ha mostrado tanto la amabilidad de mostrar el caso de la abolición del Estado coactivo como Mary Ruwart. En su libro “Curando el mundo en una era de agresión”, escrito hace diez años pero revisado con nuevos datos en 2003, la Dr. Ruwart nos provee de brillantes ejemplos de privatización, desde las carreteras hasta la medicina o la policía; y también específicos ejemplos de los errores del Gobierno de USA y sus crímenes, y por supuesto todo ello bien documentado. Más allá de esto, Ruwart hace un excelente trabajo explicando las razones básicas de por qué el Estado siempre yerra –el libro no es una mera tabla de triunfos privados y errores estatales. [La edición de 1993 se puede descargar libremente acá.]

Si usted ha leído a Rothbard, Hoppe, Benson, Mises y otros autores semejantes, no encontrará en Ruwart nada nuevo en el ámbito teórico; para los liberales ilustrados, el libro es más que nada útil por los datos y ejemplos, contándose por cientos. La parte más usada en mi caso es la bibliografía. El libro es brillante en su llamamiento a los izquierdistas y a aquellos nuevos en teoría liberal. Ruwart utiliza terminología similar a la compasión, y apela a los ungidos estatistas que pretenden encontrar la solución de la pobreza en la redistribución de ricos a pobres, que creen que un buen plan sanitario surge cuando el Estado se encarga de ello, y demás supercherías. Cuanto más izquierdista sea el lector, más directo y persuasivo será este libro.

Además, yendo aún más lejos, Ruwart culpa directamente al lector, aunque siempre con respeto, por utilizar la fuerza del Estado para repeler cualquier enfermedad social. Este recurso es utilizado en cada capítulo del libro, y cada uno de ellos recoge todos los compromisos del Estado. El libro está dirigido sobre todo a aquellos que necesitan convencimiento. Ruwart comparte aquella frase de Billy O’Reilly de que los individuos al final son los únicos responsables de su Estado. A diferencia de O’Reilly, Ruwart muestra por qué, nosotros, gente normal, tenemos las herramientas y la responsabilidad de terminar con el Estado. Incluso su libro contiene un capítulo sobre cómo comenzar en la labor.

En un cordial y comprensivo tono, Ruwart presenta al Estado y a todos aquellos que utilizan la violencia para solucionar los problemas sociales como los auténticos agresores. Es amable, generosa, no ataca a los lectores y no escribe en clave petulante. Este libro sería un excelente regalo para alguien que actualmente crea en el Estado.

¡Ahora, ve a persuadir a alguien!

Apéndice: Escribí recientemente en relación a las propuestas sobre cómo las carreteras privadas podrían funcionar, y en ese momento utilicé varias ideas que actualmente están en uso, pero he de decir que ciertamente el mercado generaría otras aún mejores que las imaginé. Los lectores comprobarán que no me equivoco. Primero, la mayoría de las carreteras privadas probablemente no cobrarían un peaje. Las calles en zonas de negocios serían mantenidas por los comerciantes de la zona, quienes tendrían un gran incentivo en mantener en perfectas condiciones las carreteras y dejar libre paso. Las zonas residenciales serían menos frecuentadas y los residentes tendrían un incentivo para cargar peajes. Segundo, en relación a la privacidad, mencioné que el mercado se encargaría de indicar si mediante un sistema de facturas la posición de un supuesto criminal es revelada. El mercado tiene actualmente una solución mejor, en forma de cheque digital, similar a una tarjeta prepago de larga distancia. Los propietarios de carreteras y los sistemas de gestión transaccional nunca sabrían quién es usted. La tecnología ya está en uso.”

 

Nota: Todos los artículos de la saga traducidos por Fernando Barrera López de Lacalle

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4 comentarios

  1. la unica forma de abolir el estado burgues terrateniente es por la violencia, la violencia revolucionaria, ya que este es un mero instrumento de las clases explotadoras.

    eso del convencer, del poder paralelo, de cambiar las conciencia de las personas es falacia inventada por los mismos que hoy dominan el mundo, es yano idealismo.

    las masas toman conciencia solo con el calor de las luchas, la lucha comienza cuando hay ciertas condiciones, si estas condiciones no existen estas se creean.

    hablar de generar libertad en abstracto, no tomando la division de clase en la sociedad, es un utopismo. El estado como mal surge del caracter de clase de la sociedad

    a la burguesia se le debe reprimir una vez destruido su estado.

    no son ideas que se me ocurran a mi, de la nada, hay que abril los ojos y observar la realidad y daras cuenta que no estoy tan lejos.

    la pobreza y explotación es un hecho real, tan real como el hecho que todos los hombres tienen que comer.

    saludos

    http://pensaryhacer.wordpress.com/2008/07/01/romper-con-el-viejo-estado/

  2. Gonzalo, un saludo.
    No hablo ni mucho menos en abstracto.
    Yo como tú, creo en la lucha de clases y creo que es un instrumento válido hoy día.
    Pero las clases que yo veo son la clase dominante, formada por políticos, burócratas, funcionarios, empresarios afines al poder y que han crecido con bajo su protección. Es decir, todos aquellos que viven a costa de los demás con lo que les es detraído a los oprimidos por medio de la coacción y la violencia estatal.
    Frente a la clase dominante tenemos a los oprimidos por ella, los que vivimos sin asesinar, explotar ni robar a nadie para consegir nuestros ingresos.
    La conciencia de clase hará que los oprimidos se vayan dando cuenta de su situación y del por qué de ella y vayan practicando la contraeconomía mediante la evasión, la participación en mercados negros o grises y el socavamiento de la autoridad estatal.

    La violencia de la que hablas es posible que sea inevitable pues históricamente es comprobado que las élites suelen resistir violentamente cuando ven peligrar su posición de privilegio, así que no es descartable.
    De todas formas hay que desenmascarar al estado aunque tú lo creas innecesario. Imagina (ejemplo de Rothbard) que hubiera un botón imaginario que al ser apretado hiciera desaparecer toda la estructura estatal. Él dice que lo pulsaría sin dudar, al igual que yo pero hay que pensar que la mentalidad gregaria de las masas actuales no cambiaría con ese hecho teniendo entonces una población estatalista sin estado. ¿Cuánto crees que tardaría en volver a desarrollarse estructuras estatales lideradas por los más violentos o poderosos del momento?
    Una revolución exitosa puede hacer caer un régimen de cosas pero si no tenemos una población concienciada de poco serviría.

    Un saludo y gracias por comentar.

  3. Interesante desarrollo lógico, viniendo de un liberal, y defensa de manual, tal como aconseja Usted mismo, ante el acoso, de manual también, de alguien que profesa la fe marxista.

    Yo soy pensador independiente, no adscrito (eso creo yo, aunque los demás con sus criterios me podrán poner la etiqueta que más les plazca a la hora de catalogarme en sus recuerdos), con ciertas pendencias anarquistas y algunos tics que les harían volverse en sus tumbas a más de uno de ellos. Que se le podrá hacer, ya no vivimos en los tiempos en los que se forjaron esas definiciones, incluida la liberal, y ninguna de ellas permite guardar completamente la coherencia doctrinal sin volverse loco tratando de integrar en las ecuaciones los estragos de la rampante estupidez humana en cuanto a colectivo gregario.

    Pero bueno, a lo que íbamos…

    En la cuestión referente a la abolición del estado, no se me escapa en absoluto que coinciden, aunque quizás no por idénticas razones, las doctrinas liberales y las doctrinas anarquistas.

    Como pensador independiente, viviendo y analizando el hoy, sin embargo lo que yo me pregunto es lo siguiente:

    ¿Si abolimos el estado hoy, quién será el beneficiado?

    ¿Los liberales? Lo dudo
    ¿Los anarquistas? Lo dudo muchísimo
    ¿Los comunistas? Ah, no, estos no quieren abolir el estado, sólo que dominen los proletarios.

    No, resulta claro que los únicos beneficiados al día de hoy con la desaparición del estado, siempre y cuando este no se encuentre ya totalmente en sus manos para ser manipulado a su antojo, como ocurre con los Estados Unidos, Israel y quizás algunos otros, porque entonces son los primeros en querer mantenerlo en sus garras, son los neo-conservadores.

    Ellos prefieren las compañías multinacionales como modelo de gestión del poder, y cuando el poder está bien agarrado hasta se las dan de liberales queriendo libertad de acción para su poder. El estado sólo les interesa si pueden usurpar sus recursos y gestionarlos como una multinacional.

    Ante esta perspectiva, ¿a quien beneficia un liberal, o un anarquista, clamando por la abolición del estado por las fechas que corren?

    ¿Es ignorancia supina en quien se supone que valora por encima de todo la ilustración del individuo? ¿o es un lobo con piel de cordero que pretende incluso ahorrarse la confrontación y ganar la batalla por abandono ideológico del adversario, fundiéndose todo el mundo en el sopor hipnótico del pensamiento único del mercado?

    No, mientras el mayor, por no decir único beneficiario de la desaparición del estado sea la doctrina neo-conservadora, los demás, aunque estemos convencidos de que el estado es un ente a extinguir, deberemos renunciar a ello mientras no seamos capaces, educando a la gente, de promover que el relevo del estado no sea el neo-conservadurismo. Porque entonces meramente cambiaríamos la intolerable intromisión en nuestras vidas del estado por la intromisión, por acción u omisión, de las mega-corporaciones neo-conservadoras, y la cura se manifestaría aún peor que la enfermedad.

    El estado, aunque severamente zarandeado estos últimos años, sigue siendo un contrato de convivencia pactado entre ciudadanos libres, y como tal mil veces preferible al contrato cerrado e impuesto de las multinacionales.

    Eso, hasta que seamos capaces de educar a la gente para que tome en manos su propia responsabilidad personal. Porque es la presencia o no de responsabilidad personal la que ha de hacer posible que no haga falta contrato para organizar la convivencia. En eso, finalmente, convendremos que la doctrina liberal (llevada debidamente hasta sus últimas consecuencias) no difiere en tanto de la doctrina anarquista.

    ¿Qué?

    ¿Le he podido convencer para no desear por el momento el fin del estado?

    ¿Consideraría abandonar al liberalismo y pasarse al anarquismo?

    Espero sus respuestas para seguir debatiendo.

  4. Amigos, … la avalancha de argumentos es abrumadora, sus respuestas me hacen burro (me aburren).


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